Un día, cuando era niño, me subí en un montón de escombros y grite:
–¡Soy el rey!
Al día siguiente me pusieron gafas y pase de rey a capitán (recuerdan aquello de “gafitas cuatro ojos capitán de los piojos”). Entonces tuve que dejar de jugar al futbol y por las tardes bajaba a la biblioteca a leer “El club de los siete secretos” de Enid Blyton. ¡Ah! Y luego me case y tuve dos hijos.
–Lili, cariño mío, nuestro matrimonio, si Dios nos da vida, durará cien años, hacemos tan poco el amor, que siempre te tengo en deseos, que nunca llegaré a hartarme de ti.