A Mademoiselle Hélène Daville
Cuando un día le pregunte a mi abuelo por el hijo del carnicero, me dijo:
-El hijo del carnicero ya era tonto antes de que la maquina de picar carne le arrancara el brazo.
El hijo del carnicero vivía en una casa que parecía un castillo, que solo le faltaba el foso. Tenía una tapia que la rodeaba por todos lados.
Su madre siempre andaba tendiendo ropa y hablando en voz alta para nadie. Su padre siempre andaba cagándose en la puta y escupiendo en el suelo.
El hijo del carnicero debe andar ya por los cincuenta y tantos y sin embargo parece un niño. Ahora esta solo.
Por las tardes, cuando bajo a la biblioteca, paso por su calle. Siempre me lo encuentro sentado en lo alto del muro.
Pero hay que andarse con mucho cuidado porque el muy cabrón a la más minima te escalabra con una piedra suelta de su muralla.
Una vez lo vi caerse desde arriba, cuando apedreaba a alguien que no era yo. Al hacer el impulso para lanzar su rabia termino desequilibrándose y cayó al suelo empedrado como un saco de manzanas.
Entonces, con la boca ensangrentada y sin quejarse lo más mínimo, lo vi entretenerse en matar hormigas con su único dedo índice. Una tras otra.
sábado, 31 de julio de 2010
martes, 6 de julio de 2010
Manzana (1) (de Eva)
Todavía tenia el sabor de la jugosa manzana con sangre mientras el enfermero me insertaba las grapas intentando unir la base de mi dedo pulgar con la palma de la mano.
La verdad, era una manzana de anuncio, limpia, brillante, tentadora, en la que se podía ver deformada toda la cocina y yo con el cuchillo. Eva la había dejado en la mesa y se duchaba.
También resulto dura y resbaladiza; lo suficiente como para haberme cortado entero el dedo gordo de la mano.
En el primer momento dolor no había y tuve tiempo de coger el tajo seccionado que se columpiaba en la mesa. Tintado y todo de sangre me lo lleve a la boca...
Luego iré a refugiarme entre los pechos de Eva como un niño asustado o como un hombre expulsado del paraíso.
La verdad, era una manzana de anuncio, limpia, brillante, tentadora, en la que se podía ver deformada toda la cocina y yo con el cuchillo. Eva la había dejado en la mesa y se duchaba.
También resulto dura y resbaladiza; lo suficiente como para haberme cortado entero el dedo gordo de la mano.
En el primer momento dolor no había y tuve tiempo de coger el tajo seccionado que se columpiaba en la mesa. Tintado y todo de sangre me lo lleve a la boca...
Luego iré a refugiarme entre los pechos de Eva como un niño asustado o como un hombre expulsado del paraíso.
jueves, 17 de junio de 2010
MARILYN
Era una soleada casa blanca con un espacioso jardín sin perro. El seto de brezo era bajo y solo tuve que dar un disimulado salto y me encontré dentro de la residencia de los Miller.
Ella estaba sentada en un banco abrazada a sus rodillas leyendo ensimismada.
–Hola. –me dijo cuando la interrumpí en su lectura del Ulysses de James Joyce.
–¿Me quieres? –le dije yo nervioso.
Ella estaba sentada en un banco abrazada a sus rodillas leyendo ensimismada.
–Hola. –me dijo cuando la interrumpí en su lectura del Ulysses de James Joyce.
–¿Me quieres? –le dije yo nervioso.
miércoles, 9 de junio de 2010
Hay dos cosas que me dan envidia de los perros
Aunque no quiero que me laman, ni que me muerdan, hay dos cosas, entre otras, que me dan envidia de los perros, aunque ellos se mueran antes. Una, que pueden masticar los huesos hasta triturarlos, y otra, que cuando de niño, por la tarde, recién comido, me iba a la escuela, el perro de mi abuela se quedaba tomando el sol en la puerta del estanco. Cuando pasaba por su lado levantaba la cabeza un poco con pesadumbre, me miraba levemente y dejándola caer seguía dormitando. Yo, pesaroso, con verdadera envidia, doblaba la esquina y tomaba la Calle de los Pasos hacia el colegio.
viernes, 28 de mayo de 2010
Un colchón nuevo o una segunda oportunidad o las dos cosas
Mi mujer y yo compramos un colchón nuevo. El viejo se ha hecho viejo de solo dormir. A mi no me importaba mucho que sus muelles gruñeran en la silenciosa noche. Pero estaba viejo. Muerto.
Cuando quite, con ayuda de mi mujer, el viejo y pesado colchón para colocar el nuevo de viscolatex con aroma a aloe vera, con una de sus esquinas duras tire el cuadro que colgaba encima del cabezal de la cama. Un fragmento de La Creación de Adán, porque les diré que soy católico, apostólico y romano, aunque, eso si, añadiendo una insignificante apostilla, que soy ateo. Dios y el hombre no se tocan, sus dedos índices no llegan a tocarse en la tormentosa pared agrietada de la capilla.
Coloque el cuadro en sus sitio y como si de un muerto se tratase arrastramos el colchón por el pasillo hasta llegar al salón.
–Este piso nuestro es demasiado pequeño para dos colchones de matrimonio –le dije a mi mujer.
–¡Tenemos que bajarlo a los contenedores! –Me grito ella aunque me tenía a su lado.
–Pero si no hemos avisado al servicio de recogida.
–No importa, la calle esta solitaria y no nos vera nadie.
Y fue verdad, no nos vio nadie que nosotros viéramos.
Salí al balcón a fumarme un cigarrillo. El trabajo ya estaba hecho. Abajo el colchón se había volcado y casi cortaba el paso a la gente que de vez en cuando transitaba por la acera. Un coche de policía se pasea por la calle.
Termine de darle la última calada al cigarrillo y estaba apagándolo en la maceta de geranios cuando un hombre pequeño con una bicicleta grande cogió el colchón como si de una almohada individual se tratara y doblándolo como se dobla una rebanada de pan de molde lo ato en el portaequipajes, y nada, desapareció zigzagueando por la esquina del colegio.
Me metí al salón pensando que no estaría nada mal que cuando llegara el fin pudiera tener la suerte de ese viejo colchón de muelles. De momento, mi mujer y yo, tenemos un colchón nuevo.
Cuando quite, con ayuda de mi mujer, el viejo y pesado colchón para colocar el nuevo de viscolatex con aroma a aloe vera, con una de sus esquinas duras tire el cuadro que colgaba encima del cabezal de la cama. Un fragmento de La Creación de Adán, porque les diré que soy católico, apostólico y romano, aunque, eso si, añadiendo una insignificante apostilla, que soy ateo. Dios y el hombre no se tocan, sus dedos índices no llegan a tocarse en la tormentosa pared agrietada de la capilla.
Coloque el cuadro en sus sitio y como si de un muerto se tratase arrastramos el colchón por el pasillo hasta llegar al salón.
–Este piso nuestro es demasiado pequeño para dos colchones de matrimonio –le dije a mi mujer.
–¡Tenemos que bajarlo a los contenedores! –Me grito ella aunque me tenía a su lado.
–Pero si no hemos avisado al servicio de recogida.
–No importa, la calle esta solitaria y no nos vera nadie.
Y fue verdad, no nos vio nadie que nosotros viéramos.
Salí al balcón a fumarme un cigarrillo. El trabajo ya estaba hecho. Abajo el colchón se había volcado y casi cortaba el paso a la gente que de vez en cuando transitaba por la acera. Un coche de policía se pasea por la calle.
Termine de darle la última calada al cigarrillo y estaba apagándolo en la maceta de geranios cuando un hombre pequeño con una bicicleta grande cogió el colchón como si de una almohada individual se tratara y doblándolo como se dobla una rebanada de pan de molde lo ato en el portaequipajes, y nada, desapareció zigzagueando por la esquina del colegio.
Me metí al salón pensando que no estaría nada mal que cuando llegara el fin pudiera tener la suerte de ese viejo colchón de muelles. De momento, mi mujer y yo, tenemos un colchón nuevo.
martes, 18 de mayo de 2010
Capitulo 3
Soy el mentiroso más fantástico que puedan imaginarse. Aunque si voy camino de la confitería, nunca le diría a nadie que me preguntara que voy a la librería. Es cierto que miento, siempre, claro esta, cuando se trata de no hacer daño a las personas que quiero, casi, pero no tanto, como un Leonard Zelig.
Por este motivo mentiría sobre si me gusta o no una estatua de plexiglás, un dado de acero o una exposición de fotografía.
Un día, una amiga que había ido conmigo todos los años de la escuela, que yo la tenia como a una hermana, que por ello era incapaz de pensar sexualmente en ella, que ni me pasaba por la cabeza imaginarme sus tetas, en el primer año de instituto, sin avisar ni nada, va y se me declara y me dice que me quiere con locura y que no puede vivir sin mi, que todo este tiempo ha estado amándome en secreto y todo eso. En mi mente quieta solo veía dos caminos para tomar y se iluminaban alternativamente sus carteles señalizadores, como en un motel de la Route 66: uno, rojo, me casaba con ella llevando una sacrificada vida de amor fingido y otro, verde, que elegí rápidamente, y fue decirle que era gay, que era un pedazo de gay que ella no se merecía.
De poco sirvió mi piadoso embuste cuando una semana después me pilló comiéndome a besos a una chica en San Esteban. Pensé en añadir lo de una bisexualidad contenida o reprimida, o algo por el estilo, decirle algo, salirle por peteneras, volver a mentirle, decirle que estaba probándome, pero no dije nada, guarde silencio.
Ella tampoco dijo nada, me miro con una tristeza que me dolía, como una quemadura. Yo, quieto, con mi cabeza apoyada en el hombro de la chica y medio enredado en su pelo, la vi alejarse hasta que se la trago la entrada de El Corte Ingles.
Por este motivo mentiría sobre si me gusta o no una estatua de plexiglás, un dado de acero o una exposición de fotografía.
Un día, una amiga que había ido conmigo todos los años de la escuela, que yo la tenia como a una hermana, que por ello era incapaz de pensar sexualmente en ella, que ni me pasaba por la cabeza imaginarme sus tetas, en el primer año de instituto, sin avisar ni nada, va y se me declara y me dice que me quiere con locura y que no puede vivir sin mi, que todo este tiempo ha estado amándome en secreto y todo eso. En mi mente quieta solo veía dos caminos para tomar y se iluminaban alternativamente sus carteles señalizadores, como en un motel de la Route 66: uno, rojo, me casaba con ella llevando una sacrificada vida de amor fingido y otro, verde, que elegí rápidamente, y fue decirle que era gay, que era un pedazo de gay que ella no se merecía.
De poco sirvió mi piadoso embuste cuando una semana después me pilló comiéndome a besos a una chica en San Esteban. Pensé en añadir lo de una bisexualidad contenida o reprimida, o algo por el estilo, decirle algo, salirle por peteneras, volver a mentirle, decirle que estaba probándome, pero no dije nada, guarde silencio.
Ella tampoco dijo nada, me miro con una tristeza que me dolía, como una quemadura. Yo, quieto, con mi cabeza apoyada en el hombro de la chica y medio enredado en su pelo, la vi alejarse hasta que se la trago la entrada de El Corte Ingles.
viernes, 7 de mayo de 2010
El día que conocí a Holden Caulfield
Yo tuve más suerte que el jorobado bartlebys rastreador de bartlebys. No todos mis familiares han muerto y no tengo joroba, aunque si algún que otro trauma. Por lo demás, soy feliz a ratos, aunque cuando me dejo mi mujer pase siete días para morirme. Yo bebo toda la cerveza que puedo, me gusta el té y el café y de vez en cuando me lío algún cigarro y lo disfruto. Pero como les decía, yo tuve más suerte que el jorobado, porque yo a quien vi, en un autobús por la Quinta Avenida de Nueva York, no fue a Jerome David Salinger, sino al mismísimo Holden Caulfield. Y estoy seguro de que era él. Llevaba a su hermana cogida de la mano, estaban sentados en la última fila, no paraban de conversar y se reían, se reían continuamente.
viernes, 30 de abril de 2010
La vida misma
Ayer fui a recoger a Jesús al colegio. Como todos los días. Las monitoras del comedor ya se han quitado los jerseys de lana y los cuellos altos. Y no digo más.
–¿Que has hecho hoy en el cole? –le pregunto. Como todos los días.
–Tantas cosas que no me acuerdo –me responde. Como todos los días.
…
Yo iba pensando en mariposas blancas.
Jesús iba rodando un deportivo verde manzana de hotwheels por el muro que rodea el colegio.
De pronto, como no dándole importancia a la cosa me dice:
–Natalia se ha comido un moco porque quiere casarse con Alberto que se come los mocos.
–Que guarrería.
–Sí, casarse.
–No, comerse los mocos.
–Miguel se quiere casar con Noelia. Pero Noelia se quiere casar con Rafa. Rafa esta loquito por Laura y Laura se quiere casar con Raúl.
–¿Y Raúl, por quien se muere, Raúl?
–Raúl se quiere casar con Miguel porque juega bien al fútbol.
–La vida misma –digo para mí. –¿Oye? ¿Y tú?
–Yo… Martina se quiere casar conmigo. Pero yo no me quiero casar todavía.
Fuimos andando tranquilamente. Como todos los días. El rodando su coche por las paredes y yo pensando en mariposas blancas, la vida misma.
Cuando llegamos a casa le preparé un bocadillo de sobrasada y queso.
–¿Que has hecho hoy en el cole? –le pregunto. Como todos los días.
–Tantas cosas que no me acuerdo –me responde. Como todos los días.
…
Yo iba pensando en mariposas blancas.
Jesús iba rodando un deportivo verde manzana de hotwheels por el muro que rodea el colegio.
De pronto, como no dándole importancia a la cosa me dice:
–Natalia se ha comido un moco porque quiere casarse con Alberto que se come los mocos.
–Que guarrería.
–Sí, casarse.
–No, comerse los mocos.
–Miguel se quiere casar con Noelia. Pero Noelia se quiere casar con Rafa. Rafa esta loquito por Laura y Laura se quiere casar con Raúl.
–¿Y Raúl, por quien se muere, Raúl?
–Raúl se quiere casar con Miguel porque juega bien al fútbol.
–La vida misma –digo para mí. –¿Oye? ¿Y tú?
–Yo… Martina se quiere casar conmigo. Pero yo no me quiero casar todavía.
Fuimos andando tranquilamente. Como todos los días. El rodando su coche por las paredes y yo pensando en mariposas blancas, la vida misma.
Cuando llegamos a casa le preparé un bocadillo de sobrasada y queso.
domingo, 25 de abril de 2010
Ya no conoces a nadie
En Princeton lucia un hermoso sol apagado.
-Hola señorita. –Dijo Albert Einstein acostado en la cama blanca del hospital- Este dolor me esta matando.
-¿No me conoces? Soy Marilyn, Marilyn Monnnr… – le dijo mientras se levantaba un llamativo polo de listas de colores y dejaba sus hermosos pechos al aire.
-Hola señorita. –Dijo Albert Einstein acostado en la cama blanca del hospital- Este dolor me esta matando.
-¿No me conoces? Soy Marilyn, Marilyn Monnnr… – le dijo mientras se levantaba un llamativo polo de listas de colores y dejaba sus hermosos pechos al aire.
viernes, 16 de abril de 2010
Critica descarnada a “Asoma tu adiós” de Roberto Villar Blanco
Blanco, me gusta tu novela. El inicio de tu novela me gusta mucho. No, mejor, el inicio de tu novela me gusta en exceso… Willy, donde quiera que estes, si acaso estas, tu novela me gusta mucho. Mito, la novela de tu padre me gusta.
Willy, podría continuar como Félix Romeo en Amarillo:
Tu libro se llama "Asoma tu adiós".
La cubierta es de color canela.
En la cubierta hay una ilustración de Fernando Zobel.
Reunión familiar.
En la parte inferior de la cubierta aparece impreso en blanco sobre fondo canela el nombre de la editorial: PRE-TEXTOS.
…
Si yo escribiera tan bien como tu yo podría haber escrito este hermoso libro. (Esto suena cursi. Bueno).
Salir por la ventana es muy digno, para vivir o para morir, salir por la ventana es lo más digno que yo conozco. Mí admirado, ya me gustaría decir amigo, Bohumil Hrabal salio por una ventana. En definitiva salir por la ventana es literariamente perfecto.
El amor, la amenaza de perdida, la perdida de lo que más queremos nos lleva irremediablemente a la letanía. Trasforma nuestro pensamiento en un aspersor que vuelve siempre y siempre al mismo punto de partida hasta volvernos locos.
Blanco, tu novela (o la vida) es un pequeño aspersor en un rincón de un recogido jardín, que riega con palabras, con agua, el tiempo, la hierba y siempre vuelve al principio, para regar con otras palabras, con otra agua, el mismo tiempo, la misma hierba, para que al final nos demos cuenta, o no, que definitivamente estamos solos en esta, bella a veces, jodida vida.
Y nos moriremos, con suerte, antes que nuestros hijos, con la pena de que estaban solos y los dejamos solos.
“La vida es trágica o muy trágica” (W. A.)
Pero, merece la pena vivir, aunque solo sea por la gente que muere pronto, por Wayne Robinson, que cuando cometía una falta personal no levantaba una mano, levantaba las dos, por la Teoria de La Relatividad, por las películas de Woody Allen, de Jiri Menzel o de Eric Rohmer, por las aventuras del bravo soldado Svejk o las novelas de Bohumil Hrabal, por Marilyn y Monica Bellucci, por los cuentos de Sam Shepard, por unas inmensas, perfectas y adorables tetas o por unas mas pequeñas o por unas no tan perfectas, por la siesta y la siesta de Vincent Van Gogh, por ver a Meryl Street pelar una naranja en “Enamorarse”, por el pulpo de “El Agrio”… y por los hijos. Si, por los hijos.
Blanco, gracias por los tres ratos de “Asoma tu adiós”
Willy, podría continuar como Félix Romeo en Amarillo:
Tu libro se llama "Asoma tu adiós".
La cubierta es de color canela.
En la cubierta hay una ilustración de Fernando Zobel.
Reunión familiar.
En la parte inferior de la cubierta aparece impreso en blanco sobre fondo canela el nombre de la editorial: PRE-TEXTOS.
…
Si yo escribiera tan bien como tu yo podría haber escrito este hermoso libro. (Esto suena cursi. Bueno).
Salir por la ventana es muy digno, para vivir o para morir, salir por la ventana es lo más digno que yo conozco. Mí admirado, ya me gustaría decir amigo, Bohumil Hrabal salio por una ventana. En definitiva salir por la ventana es literariamente perfecto.
El amor, la amenaza de perdida, la perdida de lo que más queremos nos lleva irremediablemente a la letanía. Trasforma nuestro pensamiento en un aspersor que vuelve siempre y siempre al mismo punto de partida hasta volvernos locos.
Blanco, tu novela (o la vida) es un pequeño aspersor en un rincón de un recogido jardín, que riega con palabras, con agua, el tiempo, la hierba y siempre vuelve al principio, para regar con otras palabras, con otra agua, el mismo tiempo, la misma hierba, para que al final nos demos cuenta, o no, que definitivamente estamos solos en esta, bella a veces, jodida vida.
Y nos moriremos, con suerte, antes que nuestros hijos, con la pena de que estaban solos y los dejamos solos.
“La vida es trágica o muy trágica” (W. A.)
Pero, merece la pena vivir, aunque solo sea por la gente que muere pronto, por Wayne Robinson, que cuando cometía una falta personal no levantaba una mano, levantaba las dos, por la Teoria de La Relatividad, por las películas de Woody Allen, de Jiri Menzel o de Eric Rohmer, por las aventuras del bravo soldado Svejk o las novelas de Bohumil Hrabal, por Marilyn y Monica Bellucci, por los cuentos de Sam Shepard, por unas inmensas, perfectas y adorables tetas o por unas mas pequeñas o por unas no tan perfectas, por la siesta y la siesta de Vincent Van Gogh, por ver a Meryl Street pelar una naranja en “Enamorarse”, por el pulpo de “El Agrio”… y por los hijos. Si, por los hijos.
Blanco, gracias por los tres ratos de “Asoma tu adiós”
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